Beber unos 2 litros de agua al día es una forma sencilla de mantener el cuerpo hidratado. El agua constituye alrededor del 60% del peso corporal y es el componente principal de la sangre, la saliva y la orina, por lo que mantener una ingesta constante favorece el funcionamiento normal (Benelam et al., 2010).
Empieza poco a poco: ten una botella a mano y bebe pequeños sorbos a lo largo del día en lugar de grandes cantidades de una vez. Si el agua sola te resulta aburrida, añade limón o una pizca de sal. Recuerda que la comida y otras bebidas también aportan agua a tu ingesta diaria (Benelam et al., 2010).
¿Por qué hacerlo? Las revisiones señalan que incluso una deshidratación leve, de alrededor del 2% del peso corporal, puede provocar dolores de cabeza, fatiga y un menor rendimiento físico y mental (Benelam et al., 2010). El agua es un nutriente crítico, y la investigación relaciona los patrones de ingesta con la energía consumida, el peso y el rendimiento, aunque los autores destacan importantes lagunas en la evidencia de ensayos a largo plazo (Popkin et al., 2010).
Los estudios sugieren que una ingesta generosa de agua que produzca orina diluida puede beneficiar la función renal y metabólica, y marcadores sencillos como el color de la orina pueden ayudarte a vigilar tu hidratación (Perrier et al., 2020). En un ensayo aleatorizado de 12 semanas, los adultos que aumentaron su ingesta de 1,3 a 2,0 litros al día mostraron una presión arterial sistólica significativamente menor y una reducción del nitrógeno ureico en sangre (Nakamura et al., 2020).
Para la mente, un ensayo aleatorizado en escuelas encontró que beber agua por la mañana, hasta unos 1000 mL, benefició la memoria y las funciones ejecutivas de los niños (Drozdowska et al., 2020). La evidencia aún está creciendo, así que toma los 2 litros como una meta útil y no como una regla estricta, y ajústala según el calor, la actividad y tu propia sed.
Beneficios
- Hidratación
- Digestión
- Menos Antojos
- Impulso Cognitivo
- Memoria
- Presión Arterial
